sábado, mayo 27

soñar, proyectar, manifestar.

Siempre me asustó la palabra. "Proyecto". Ohhh. Sonaba como a cosa lejana para gente "creativa", emprendedora, ejecutiva. Todas palabras que sonaban grandes y remotas

La palabra que viene antes es "sueño". Ahhh. Colmo de la cursilería. Un sueño, qué es un sueño, con qué se come. Báh, déjenme con esas cosas de almanaque. A mí háblenme de esfuerzo, de traba-jo, de mérito. De eso sí sé. De fuerza de voluntad, de garra y aguante. Un doctorado puedo darte, mirá.

Ambas ideas me generaban rechazo por miedo. Liso y llano miedo. ¿Quién era  yo para soñar, después de todo? Pero de a poco empecé a identificar algunas imágenes que volvían recurrentes sin ser recuerdos. "Ah, esos serán los famosos sueños", me dije entonces.

Los boceteé, coloreé y texturicé en mi cabeza. Después los verbalicé, los escribé, los medité. ¡Hasta hice collages!

Un día, por ejemplo, imaginé que podía poner todo eso tan lindo que decía mi hijo Tomás entre dos tapas; como para regalárselos a sus seres queridos. Un souvenir de una época. Entonces lo imaginé ilustrado. Y le pedí a Seel que lo hiciera. Y lo imaginé con el papel de la revista Limonada. Y hablé con la imprenta que la hace y le pedí presupuesto. Menos de 500 no imprimimos. Ok, que sean 500. Pero te sale casi lo mismo que mil. Y bueno, hagamos mil. Mi mamá, oyendo mi entusiasmo y al tanto de mi limitada situación financiera. me aseguró el capital inicial. El proyecto se fue haciendo paso a paso. Una semana esto, a la semana lo otro, a la siguiente otra cosa. De repente, pum, tenía un producto,una creación, algo nuevo, el #LibrodeTomás que pronto estará en el mundo. Ese pequeño proyecto -que me animé a hacer porque sólo oficio de puente entre Tomás, Seelvana y el mundo, porque no obtengo lucro, porque nace desde el amor puro- me sirvió para entender la dinámica de la cosa.

Ahora estoy amasando nuevos sueños, nuevos proyectos, que me llenan de ilusión. Algunos a largo plazo y otros no tanto. Uno de ellos es mi novela. Porque ya me siento quién para tener mi propio libro. Y no por este premio o aquel. Y tampoco porque haya desacralizado lo que es publicar (que también pasó). Sino porque -como le dije a una ex estudiante brillante- tener un don - es decir, algo para poner en el mundo-  y no manifestarlo, no es un acto de modestia, sino de mezquindad. Si te guardás eso único que te define, le quitás a la humanidad una oportunidad de transformarse.

Sí, el mundo es de los soñadores, creativos, emprendedores que se animan a concretar. Pero no son una elite, eh? No hablo de gente onda Steve Jobs, eh? Hablo de mí, de vos, de nosotros.


Pd: Gracias al Telar de los Sueños, a mis notas para Ohlalá, a mi compañero diseñador- realizador, A Mati y Prem Baba por abrirme los ojos en este aspecto.

2 comentarios:

Flac_k dijo...

Que lindo lo que dices!!! Necesitaba "escucharlo" justo en este momento. Me alegro mucho por ti <3.

Un abrazo.

ceci a. dijo...

Ehhh! Gracias! Yo me alegro por tí!
Gracias por leer
UN abrazote.