viernes, octubre 28

coraje.

Y yo que quería ser más tetona, o tener el pecho más abierto, una sonrisa más amplia, los labios más carnosos, la carcajada más suelta y sonora.

Que quiero morder bien, y usé aparatos diez años para tener los dientes derechos.

Yo que siempre detesté mis dedos de los pies chuecos. Que admiro tanto a la gente que sabe bailar.

Yo que me reprocho no haber podido aún con Rayuela ni con Cien años de soledad.

Que hubiera preferido que mis viejos me contaran qué había sido la Dictadura.

Que me hubiera gustado que alguna vez mi papá o mi mamá me dijeran "mi chiquita". Que soñaba con una casa llena de gente.

Yo, que no fui alentada a expresarme corporalmente, (o sí hasta que mamá se fue de casa).

Que daría cualquier cosa por haber crecido con menos exigencia y menos prejuicios.. una relación menos complicada con la abundancia.

Yo, que hubiera dado cualquier cosa por que el bello mundo donde habitaba hasta mis 9 años no se esfumara cuando mis viejos se separaron.

Yo que quisiera ver mejor, no haberme depilado nunca las cejas, ni jamás haber renegado de mis rulos.

Que todavía hoy me pregunto para qué un día probé el puto pucho.

Que me pregunto cómo hubiera sido vivir en una de esas casas colectivas, con amigos de todos los colors.

Que me cuestiono haberme quedado tantos veranos trabajando en vez de haber viajado un poco más.

Yo que me desgarré de dolor y sufrimiento por mi primer novio.

Que no salí artesana.

Que no tengo abuelos hace mucho tiempo.

Que, sobre todo, no tengo registro de que alguien me mire con amor incondicional. Excepto mi abuela, que murió cuando tenía 11.

Yo, que hubiera querido crecer más libre, sin volver propias  tantas falsas responsabilidades y apuros;

Que me rodeé por tanto tiempo de personas que no, esmerándome por gustarles: tanto esfuerzo por encajar.

Que daría todo por transformar mis jeans ajustados en trapos bien cómodos y coloridos.

Que tomaría cursos de todo tipo.

Que me pregunto cómo darle a mi hijo el contacto con la Naturaleza con el que crecí: el olor de las flores, del pasto mojado, del pasto recién cortado, de la tela de la carpa, del rocío a la mañana. El viento en la sierra, la tormenta en la playa.

Yo que aun sabiendo de mi gran oído musical no le di más bola a la guitarra. Que no me puse a aprender a sacar fotos, Que escribo mucho menos de lo que debería, podría, querría.

Yo. Que de a momentos me pregunto si tuvo un sentido haber pasado tanto tiempo arreglando algo que a otras personas o no les llega o no se les rompe: el matrimonio.

Yo que todavía sostengo que quiero aprender a tejer y bailar tango.  Hacerme otro tatuaje, ponerme más aritos o piercings.

Que quiero estar menos presa de lo que piensan los demás. Olvidarme alguna vez de la ansiedad.

Que todavía no fui a conocer Traslasierra.

Que hace años no me tomo un descanso: que NO SÉ planificar mis descansos.

Yo, que no recibo regalos el Día de la Madre.

Que en el papá de Tmás a veces más que un compinche tengo un contrincante,.

Yo, que no tengo un grupo de amigas con el que reunirnos seguido a cagarnos de ria.

Que quiero un auto para moverme con Tomás.

Yo que quiero tener una bañadera y un sillón. Y más adelante una casa con patio y parra, cocina vidriada, un árbol de palta y un limonero.

Que quisiera estar menos presa del deseo y las necesidades de los demás. Romper el viejo vicio de anteponerlos a mis deseos y necesidades.

Que por momentos sucumbo a la sensación de atadura, cansancio, vejez para hacer  y ser todo lo que siento ganas de hacer y ser.



Yo, comprendo ahora que todo esto, no es lo que "no tengo"; es lo que deseo.

El camino del despertar es arduo. Ya no puedo ponerme a ver tele, ni leer revistas de chismes, ni tomar tragos, ni fumar, ni envidiar, ni stalkear, ni criticar, ni quejarme, ni alimentarme mal. No puedo de pronto descuidar el leguaje, dejar la meditación y el yoga, mi terapia, el camino del autoconocimiento y la transformación.

Tampoco puedo viajar en el tiempo a reparar lo que no fue, no tuve, no fui, no quise ser.

Hay un momento - un punto- de inflexión, en que el/la protagonista de la peli ya empezó la transformación.  Como el camino del héroe/ heroína de Joseph Campbell: "Cuando el héroe recibe la llamda de la aventura, ya no puede permanecer  en su mundo ordinario". No puede volver atrás: ya vio por dónde iba la cosa, pero las peripecias que hay que afrontar requieren de su coraje.

PD: Hoy después de mucho tiempo..... me digné por fin a ver qué era eso de Según Roxi Que seguro yo nada que ver, porque yo siempre soy TAN distinta. Ja. Estoy fasheada Qué voracidad me agarró al encontrar semejante programa. Y les digo qué, es todo tan pero tan perfecto, que en un día como hoy, después de días de sanar, me encontré con este capítulo que lo es TODO. Es exacto lo que que estamos hablando acá. Y termina con una frase de Galeano sobre el coraje: "Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, estamos acostumbrados".

miércoles, octubre 26

la guita.

Después de muuucho muchísimo tiempo me angustié por la plata. Porque no llega a tiempo, porque no alcanza, porque no es justa, etcétera.  Ni hace falta que cuente el contexto y el remo gigantesco que se necesita para atravesarlo. Anoche me costó dormirme, la angustia me atenazaba la garganta.

En el medio, entre sueños, pasó algo: me pregunté qué corría riesgo. Si Visa y la obra social estaban pagas... qué de todo lo bueno podía perderse en este ondular económico.

Fui repasando:

Mi meditación, mis limones matinales, mi banana con granola casera;  mis ensaladas multicolores, las frutas, semillas, los mates que tanto disfruto, mis clases de yoga a módicos 75 pesos, mis desayunos en la cama con Tomás, llevarlo al jardín, buscarlo en el jardín, nuestros abrazos de koala y ataques de cosquillas, dormirnos abrazados con Martín, la lluvia en el parabrisas de su auto; sus perros; mi suscripción a Spotify por 40 pesos al mes; mis auriculares, mis pies que me llevan, la lectura, ahora que intercambio libros y que comprar uno sale más barato que comer afuera; los atardeceres en mi caista; mis plantas; los dibujos de Tomás con los que voy a decorar las paredes; los cuentos que invento para él; sus reflexiones que pronto llenarán un libro; la posibilidad de bailar en el living; una bandejita de sushi aunque más no sea vegetariano o de  Kani Kama.; una botella de vino que dura días; unas ramitas de palo santo a  30 pesos que duran semanas; mis cremas.... ay, mis cremas son caras! Pero tenemos al salvador y polifunción aceite de coco; los almuerzos con Radio Vale que le gusta a Gero; los Románticos de la 100 a la noche; mi bici a un service de distancia; la posibilidad de escribir....

Me di cuenta de que todo lo que más valoro y disfruto es barato o gratis.
¡Menudo hallazgo!

martes, octubre 25

abrazada o sola.



Tengo abierto el form para escribir una nueva entrada desde temprano, las ganas de escribir hace días, el silencio hace ya semanas. Siento que tengo tanto para decir, que a la vez no sé por dónde empezar.
No viajé a ningún lado, no sucedió nada inesperado ni hice nada estrafalario, Quizá por eso mismo- pienso ahora- es que pasó tanto dentro. Lo supe recién, caminando bajo la llovizna de Colegiales de vuelta a casa: hoy puedo elegir si duermo abrazada o sola.

Hoy no agradezco tener quien me abrace. Agradezco poder elegir.

Mi relación conmigo misma sanó tanto, mejoró a tal punto, que la soledad ya no me asusta. De hecho ya no creo en la soledad: ¡si siempre me tengo a mí misma!

Es más, cuando tengo un rato a solas me agarra voracidad: Trabajo? Escribo? Leo?  Escucho música? Veo una peli?

Un viernes por la noche el plan perfecto puede ser ir a yoga kundalini que me vuela la capocha, volver, darme una ducha caliente, comprar una bandejita de sushi o hacerme un salteado de quinoa con vinito tinto, elegir un documental en Netflix mientras como chocolate amargo... perfecto.

Primero hubo que mandar un poco de fruta, hacer la que pintara, bardear; padecer las consecuencias;... adherirme como ventosa a mis amigas; después liquidar las falsas compañías como el pucho y los tragos; después soltar la dependencia de otras personas; después vérmelas conmigo.. .retorcerme a veces de la incomodidad; después recuperar la lectura; aprender a meditar; después reconocer que no hay nada malo en el silencio; bancarme el ruido interno; disfrutar del silencio externo; después dejar el vicio de las redes (dejé Instagram, por ejemplo) después apreciar mi propio silencio; volver a yoga; dar un gran salto de confianza de la mano del telar; dejar cada cosa que me hacía mal ... abrazar con aceptación las que todavía no puedo dejar atrás.

Desde este lugar donde logré al fin pararme, el encuentro con otra persona es desde las más absolutas ganas. Y no hablo sólo de mi compañero Martín, hablo incluso de mi hijo Tomás

Claro que registro su ausencia cuando está con su papá, y a veces se vuelve pinchazo, y empiezo a dar vueltas como un trompo hasta que comprendo que me falta él. CLARO: yo me quise separar de su papá, no de él, varios días a la semana. Pero lo acepto. Y aunque él, cuando me ve en la puerta del jardín me hable como continuando una conversación que dejamos hace tres minutos, yo sé que pasaron casi dos días. Para afuera le sigo la corriente; para adentro me estremezco. Paz y fiesta. Magia y gratitud.

Escribo y suena "Vuelve que me falta el aire si no estás": Me encantan los románticos de la 100. Pero muchas letras califican para esa página de Facebook que se llama "Amar como el orto". Nos hablaron de la media naranja. Nos hablaron de la independencia. Nos hablaron de la autosuficiencia. Esa dicotomía nos dejó paradas en el medio de la incomprensión.

Ahora sé que somos interdependientes.

Si una noche en casa no respira nadie más que yo, puedo dormir tranquila porque me sé amada. Por ellos y por mí.