viernes, enero 29

la tercera dimensión.

Lo que empezó a pasar es que encontré la tercera pata de la vida. Esa que todos intuimos que existe, y que incluso algunos dicen que pesa 21 gramos: el alma. Ahora que a toda mi búsqueda intelectual y emocional sumé esta otra, la espiritual, me siento más completa. Siempre temo sonar esotérica. Rehuyo de la imagen de la mina de cincuentaytantos, con rulos cobrizos y labios rojos que apenas te ve te dice "Hola Acuario" o "Qué mal me pegó la luna llena de hoy". No, no, por favor, si eso ocurre por favor me lo advierten a tiempo (por ahora estoy lacia, así que en esa zafo).

Me refiero a esto que empezó esa mañana de lunes, a los pocos días de ese asalto con arma, cuando sentada en el consultorio de Laura, mi analista, le dije "Necesito algo más, hay lugares a los que no estoy accediendo" Y ella, que sabía de mis ganas de bailar, me sugirió anotarme en Soul Motion.

O quizás empezó unos meses antes, exactamente hace un año, cuando me despidieron de Greenpeace y sin saberlo me dieron la oportunidad -que yo no había sabido generar- de dejar de huir de mí misma.

O tal vez un poco después, cuando me enteré de que mi papá era mortal.

No lo sé.

Lo seguro es que con momentos trabajosos y de profundísimo malestar. (y ya lloro) atravesé este año que me trajo a buen puerto .Estoy parada -y no hundida, que no es poco- en un lugar donde el paisaje se puede ver con bastante claridad y perspectiva. Desde acá es difícil atribuir algo a la mala suerte. Desde acá es difícil ponerse en el lugar de víctima. No se ve ningún culpable. Cada persona que pasó por el camino hizo un papel que tenía que hacer, y no hay nada que yo pueda reprocharle. Los procesos se ven en su lógica. Mi responsabilidad está en cada una de las cosas que atravesé, y el color del que se tiña todo está en mi mirada, y no afuera. Leí por ahí que lo que uno tiene es ni más ni menos que lo que pidió. Suena paradójico y medio generalizador pero pensado a fondo es muy cierto.

Me siento muy afortunada de haber encontrado eso que se llama energía, para empezar a trabajarlo. Y ahora el desafío, como dice mi amigo que dice Sri Prem Baba, es llevar el espíritu a la materia. Porque no todos queremos ni podemos irnos a meditar un monte en el Tíbet. La cosa, sospecho entonces,  es vivir en nuestra verdad en medio de la cotidianidad. Ser verdaderos haciéndonos los distraídos lo menos posible.  Es un poco lo que contaba en el post anterior: encontrar el espacio dentro del espacio, el tiempo dentro del tiempo, el silencio en medio del ruido, la palabra en medio del silencio.

Siempre les digo gracias por leer a la Cecilia más verdadera. Lo que comprendí ahora, y de ahí el título de la entrada, es que la que se deja ver acá es mi esencia.

Ser lo que amás como fórmula para mí vuelve a cobrar sentido, porque es reconocerse amando, que es todo lo que hacemos todo el tiempo ahí en el fondo, aunque a veces lo cubramos con veinte capas.

Sí, así: wide open.



Gracias por los hermosos comentarios que me dejaron en la entrada anterior (les contesté e invité a alguna/s a escribirme por mail) y gracias por el puente que establecen conmigo.

Feliz viernes (el mejor día de la semana!) y mejor finde muchachada.

c.

domingo, enero 17

calma.

Cuando me pongo a escribir esto siento miedo de romper el hechizo. Como si por describirlo este estado se fuera a esfumar Tengo cierta resistencia también a compartir mis procesos porque pienso "A quién le importan, no ves que muy pocas personas te comentan", pero me reprendo diciéndome que si razono así entonces no voy a escribir nunca más .

Pasó algo extraño. Hoy parada sobre la bisagra del fin de semana y el lunes donde todo vuelve a empezar lo puedo ver. Fue una semana a la que di en llamar "de retiro espiritual". Por primera vez Tomás se separó de mí más de cuatro días. Con poca anticipación - menos de la que me hubiera gustado tener- me preparé mentalmente para enfrentarlo. Se lo comenté a medio mundo. A cambio recibía un "Aprovecháaaa" casi sistemático (sobre todo de mis amigas madres, debo confesar, pero ellas ciertamente no saben de qué hablan porque no les tocó) Así y todo. Aprovechéeeee!

Fue de una manera imprevista, dejando acontecer. El primer día (lunes) con mucha oscuridad, llorando, angustiada, escalando el día con esfuerzo. A la noche, buscando información sobre un libro llamado "El camino a la alegría" llegué a la página "Valores sin fronteras" donde la autora te propone un método de cuatro pasos -gigantescos por cierto- para conocerte, autoafirmarte realizarte, vivir en tu verdad. Alejadísimo de todo remilgo autoayudístico. Sincero, bien pensado, hecho con mucho amor. Algo se empezó a mover. Esa noche pude vencer a la ermitaña que venía apoderándose de mí y  salí a comer con Debi Fue un gran encuentro de dos mujeres promediando los treinti, con sed de autoconocimiento, en estadios parecidos del amor, y con muchas ganas de disfrutar. A Debi la conozco desde la facu, nos vimos mutuamente atravesar todos los estados, Es mágico.  Volví muy contenta y se lo hice saber con un mensaje.

El segundo, un poco más liviana, trabajé, seguí con los 4 pasos y al atardecer fui a buscar un libro al que le tenía TODAS las ganas y del que enseguida o en otro post les voy a tener que hablar. Y ya entonces además de a mí misma tenía el libro. Qué paz. Anochecía y podía hacer lo que qusiiera. Comer por ahí o venir a casa. Tomar vino o una Coca light. Seguir con los pasos o con la novela. Mientras avanzaba las páginas más me hablaba. "Cómo me conocés", le dije a Noe, mi amiga que me lo recomendó.

Entre tanto cuidaba de Rolfi y los perros de Martín, que estaba de viaje por trabajo. Morena y Firulais, dos hermosos que aprendí a querer y mucho. Las puteadas del primer día por los soretes adentro se transformaron en acciones preventivas para sus necesidades y paseos de mañana y de tarde, además de despulgamiento, baño, cepillado, etc. Maternar no es algo que se deje tan fácil. Todas las mañanas o noches hablé con Tomás, que me contaba de sus progresos en su relación con el mar.

Haciendo los 4 pasos decidí internamente que tenía que volver a bailar, que -como decía en mi entrada anterior- se había convertido en mi modo de meditar. Un modo lúdico, alegre, amoroso. La certeza y la alegría que sentí al decidirlo es indescriptible, Y la certeza al volver, con una sonrisa dibujada y toda esa energía disponible... pfffffff...

A la tarde vino mi papá con su novia. NO fue nada fácil. Estaban vibrando en otra frecuencia, sobre todo mi viejo, que spadecee sus propios juegos mentales que lo hacen ser colérico, irritable, brusco. Se estaban por ir a Brasil, pero estaban tensos, y aunque le hice la pizza que él quería, y le preparé el desayuno, e intentaba que distendiera, no tuve mucha suerte. Por último lo abracé y le dije "No quiero que sufras". Le di unos besos, bajó la vista y no se resistió, así que creo que algo le llegó.

Y esa misma mañana fui a terapia, y le conté a mi analista de todas estas cosas. Y lo que había sido un mensaje desesperado el lunes "Son días raros y difíciles", había dado paso a esta calma. A encontrarme más que satisfecha con tenerme a mí misma. Y después fui a Emma Hill a actualizar mi ropa interior, qué felicidad! Y estaba que sí que no con un mini viaje en soledad a Carmelo.. no me decidía. Cada vez sentía menos la necesidad de alejarme para estar en paz. Sentía de a momentos que podía lograr lo mismo sin tomarme toda esa molestia y sin gastar plata. Después me volvían las ganas, y así. Cuando entré medio decidida por el sí no había pasajes. Creo que mi parte más neurótica estaba esperando que alguien decidiera por mí y así fue.

Y esa noche, creo que fue, tuve una charla con el amigo que hace lectura de aura, que me estaba planteando de terminarla. Horas enteras que se volaron, contándonos  un poco de todo, hablando el idioma que hablo acá pero verbalmente, cosa que no hago casi nunca con casi nadie DIciéndole: si, todo muy lindo este mundo de verad y libertad, de espíritu, pero después hay que salir al otro (Y en eso estoy, intentando conciliarlos).

Unas horas antes le había dicho a Martín que cuando viera el atardecer desde el barco en que estaba se acordara de mí. Me dijo que lo hizo. El viernes él volvía, aunque no íbamos a poder vernos. Pero me dediqué a leer, y aseguir comiendo sano, y a tomar sol, y a leer los 4 pasos, hacer yoga y así hasta que se hizo la hora de salir con amigas.

Me detuve todos los días delante de la foto de Tomás, sonriendo, suspirando, pero no sufrí, no lloré más. Lo extrañé suavemente. En calma.

Casi todos los días tuve recuerdos felices de mi vida con Pablo, y lloré por ellos. En calma.

El sábado, después de un día así parecido a los anteriores, me contacté con dos amigas que venía sintiendo fuerte adentro, y descubrí que ellas estaban conectadas conmigo también. ¡Fue mágico! Y más tarde compré todo para esperarlo a Martín con una picada.Y cuando llegó dsfrutamos como locos del encuentro, y lo quise como pocas veces, y sin declaraciones creo que lo trasmití. Fui muy feliz hasta que se fue bien temprano a seguir laburando. (Y después también) Dormí toda la mañana, me fui a L´Epi y compré medialunas y enfilé a lo de mi tía, donde me esperaba un pedazo de carne después de una semana de no tocarla (al igual que el control remoto de la tele).

Al volver, sentada en la terraza mientras caía el sol, ( y si llegaste hasta acá) comprendí que este estado de calma interna, esta ausencia de angustia, este abrirme espacio dentro de mí - apropiarme del momento, distinguir realidad de pensamientos, sentimientos de ideas-,  son parte de una búsqueda que vengo haciendo Son un estado al que aspiro. Sólo anhelo que la cotidianeidad y los miedos no los ahoguen.

De verdad quiero ir hacia ahí. Igual que mañana quiero ir al encuentro de Tomi, igual que en tres días  quiero ir a danza, igual que quiero terminar este hermosísimo libro, igual que quiero darle a fondo a esos 4 pasos.

Estuve escuchando mucho este tema, que me recuerda al primer tiempo con Martín, cuando -a la par que me enamoraba - estaba tan agitada y nerviosa. Esta canción es la medida exacta de lo que medió entre una cosa y la otra.



Deja que el tiempo cure, dice. Y empiezo por primera vez, a encontrarle sentido a esa frase.

domingo, enero 3

historial.

Nuestro historial de búsqueda no debería ser revelado a nadie, y sin embargo dice tanto de nosotros. Pensé qué cosas busqué en mis dos días de descanso, en casa, con pocas obligaciones y la única compañía de Rolfi. Y casi todo tenía que ver con cómo morigerar los efectos de la edad. Rutinas de belleza para la piel, los ojos, la postura, etcétera. "Como es que se te ocurre googlear todo?", me preguntó una vez mi analista. Y la verdad es que creo que lo que encuentro son ejemplos. Ideas para imitar, referencias femeninas y consejos, cosas que me escasean.

Pero también busco ratificaciones de que sí, tengo casi 35 y sí, es lógico que mucha gente me llame señora, (incluso en un piropo, pueden creer el descaro?!) Sé que estoy monotemática con este tema, y espero no aburrir, pero saben qué? Le doy vueltas porque necesito aceptarlo, pero sobre todo, necesito encontrar y confiar en mi forma, mi estilo, para transitar la edad y la maternidad.

El otro día un amigo me dijo que yo alineo el ser madre con la seriedad y la responsabilidad, y a esta última con la no libertad.  Como si cuando soy mamá tuviera que recortar un cacho de mí porque ser inquieta, curiosa y querendona como soy no tiene nada que ver con ser madre.

Debe ser eso mismo lo que me produce un signo de interrogación gigantesco, y una especie de perplejidad, cuando voy a las reuniones del jardín de infantes. No soy punk, heavy metal y ni siquiera califico para hippie con osde, y sin embargo siento que no tengo nada que ver ahí. Y no es sólo porque ellas lleguen en autos 0 km y yo en bici o bondi, o porque usen ropa de oficina,  tengan marido, o una prole más extensa.... Es una actitud, un modo de pararse, de hablar, un apropiarse que no reconozco. Me imagino que a más de una le pasará, pero desde mi óptica están todas en su salsa y yo soy la sapa de otro pozo.

Mi amigo, que es el que me hizo la lectura de aura (ya sé que suena a paparruchada pero créanme que no), me dijo que mi exigencia ahoga mi pasión. Es decir que hago todo apasionadamente, pero la creencia de que hay un deber ser, un estándar que alcanzar, un modo correcto de hacerlo todo, silencia lo otro. Me dijo también que Tomás no necesita que cuando caminamos de la mano le explique qué es un pájaro, la luna, el sol.. el mundo entero. No neesita que esté todo el tiempo intentando cautivarlo, hiper conectada con todas las pilas. Que a él le alcanza con que esté junto a él en silencio, que me ubica perfectamente como su mamá y que tiene un mundo interno y un constante descubrir y sobre todo una conexió muy profunda con mi ser, que lo hacen reírse de todos mis esfuerzos por ser una madre seria.

Quizás en definitiva tengo que deje de creer que hay un sólo modo de ser una mamá mamá hecha y derecha, y disfrutar con más seguridad de mi propio estilo (Viendo a Tomás no debe estar tan mal).

Y hablando a un nivel más general -ya no sólo como madre sino como mujer-  darle más crédito a mi intuición, a la que desoigo continua y casi tozudamente, y hacerme dueña de mis años, mi experiencia, mis aciertos, mis desaciertos, todo mi historial de vida del que aprendí lo mucho o poco que sé.

...

¿A alguna de ustedes se le presentan estas inquietudes también?

Feliz nuevo año muchachada, espero que lo hayan empezado con muchos abrazos, muchas sonrisas y unas enormes ganas de comerse el mundo (además de los pandulces)!