jueves, junio 26

multiple me.

Son distintas pelis, aunque todas formen parte de la misma. Se proyectan en continuado, y a veces no doy abasto a entrar en una, conectar con su trama, sus tiempos, sus personajes cuando ya tengo que entrar a la otra, El switch. El famoso switch entre la madre, la empleada, la empleadora, la docente, la ex mujer y la mujer -que cada vez más pide su espacio.


A veces las siete cuadras que separan mi casa de la oficina -una nadita de trayecto, glorioso la mayor parte de las veces- no me alcanzan para ponerle play a una y pausa a la otra.


La empleada viene pensando si dejó todo terminado, o qué tiene que retomar ya en casa, y sabe que al cruzar la puerta va a venir -felizmente pero sin tregua- el pitufo a sus brazos. Y lo va a alzar, y se va a olvidar por unas dos horas de todo. Le va a preguntar a la niñera "Comió? Durmió?", le va a pareguntar qué hace falta para mañana, va a a anotar "Jabón en polvo, lavandina, galletitas, leche...", va a tomar dos mates apurada, va a preparar una mamadera, a abrigar al pequeño y salir a hacer las compras. Y acá se suma la ama de Rodolfo, que va a silbar cada vez que el perro se cuelgue oliendo algo, o se quede coqueteándole a una perra.


Otras veces se da todo en simultáneo. Como en la siguiente escena:


10 de la noche. La madre cocina, mientras la empleada contesta un mail de Greenpeace, mientras la empleadora llama a la niñera para avisarle que entre más tarde, porque la otra, la madre, tiene pediatra; la ex mujer recibe y contesta  un mensaje de texto; la mujer sonríe con algo que llega por Facebook y la docente responde mails de la Directora de la carrera.. .Y entonces la mujer quiere escuchar la radio, pero la madre pone por inercia el Disney Junior, y mientras la madre se asegura de que su hijo coma, la amiga chatea, la hija se alegra por una noticia de su papá y la paciente recibe un llamado de su analista.


Es así, de este modo  poco predecible,  como toda esta proyección de Cecilias se puede complotar en menos de dos horas.


No es mucho lo que pueda pensar sobre esto. Es lo que soy, y lo que estoy eligiendo ser. No cambiaría nada. Tampoco me estoy quejando. Lo observo, intentando ver de qué modo abordarlo para que el disfrute le gane a lo extenuante de esta multiplicidad.

martes, junio 17

movida de estrellas.

Yo me recuesto y ella en el final
Viene a dormirme movida de estrellas

Ustedes ya saben que casi no sé hilvanar palabras sin música. La noche del 17 de junio de 2007 Pablo agarraba mi guitarra y me tocaba esta canción. Fueron los acordes que antecedieron a nuestro primer beso y a nuestra historia de amor. Ni él ni yo podíamos saber qué nos esperaba. Menos imaginábamos que siete años después habría un ser en el mundo que llevaría su apellido, que se llamaría Tomás, que sería nuestro hijo y estaría cumpliendo un año y medio de vida.

Tampoco sabíamos que íbamos a bifurcar caminos.

¿Cómo podríamos haberlo sabido? Y si lo hubiéramos siquiera intuido.. ¿Igual le habríamos dado lugar a ese beso, a esa madrugada y todo lo que les siguió?

En horas como ésta, cuando pasado y presente son uno, cierro los ojos y me encuentro con una noche estrellada a mitad de camino hacia la cima del Champaquí,  año 1997. Los abro y veo a Spinetta vivo, tocando Té para tres y Bajan con Cerati. Los cierro y estoy con  Pablo en la Trastienda, disfrutamos de la existencia del Flaco. Los vuelvo a abrir y veo a mi hijo dormir a mi lado. Los cierro y estoy en un colectivo, por Avenida de los Incas, escuchando por primera vez Todas las hojas son del viento, mientras me pregunto a qué disco pertenecerá esa canción tan bella. Los cierro y recuerdo el mensaje de texto de Pablo, "Ya se está volviendo canción" la tarde en que Spinetta se fue.

Entonces recuerdo que hace apenas dos horas le canté a Tomás entera la letra de ese tema que una vez desconocía. Y sigo recordando, y ahora atardece en el Club Ciudad, descubro a Cerati como si hubiera nacido ayer. Y con los ojos todavía cerrados suena su disco Bocanada, mientras con Pablo tomamos nuestros primeros Cuba Libres.  Y los abro,  y Spinetta sigue vivo frente a mí, con sus Bandas Eternas, ahora compartiendo escenario con Charly. Rezo por vos. Mi cabeza va más atrás, a los años donde no le perdía pisada a Charly, en un mundo donde no había Pablo ni Tomás, sólo apuntes de facultad, mis cigarrillos Camel, las noches en el Roxy.

Pero entonces ya no estoy ahí. Estoy metida en un taxi, año 2005, camino a una nota con Sancricca. Cantamos todas las de Artaud (y no ya solamente Todas las hojas son del viento), y después camino por Belgrano, con Cantata de Puentes Amarillos sonando fuerte en mis oídos; me pregunto en cuál de esas casas habrá crecido el Flaco. Y en esta hamaca que va hacia adelante y hacia atrás, ahora me vengo más acá, al último domingo,  cuando llené la compactera con Artaud, Pescado 2, Elija y Gane, A 18 minutos del Sol y Pelusón of Milk, y tomé mates con Tomás a upa.

De golpe, los primeros acordes de Durazno sangrando salen de la pantalla y me llevan allá donde empezó todo, con Pablo disculpándose por su "versión apocalíptica" sin adivinar que mientras lo oía me estaba enamorando.

Entonces, yo que nunca supe escribir sin música, que de alguna manera encuentro ahí el principio del sentido, y con suerte a veces el cierre... yo que nunca supe descifrar la belleza de esa línea de Ella también, yo, hoy... me siento movida de estrellas.

Leí una frase de Zitarrosa, que decía
 
En toda canción hay huellas de un disfrute que existió

No: en noches como ésta ya no importan los cuándo, los cómo, ni los por qués. Porque es cuando sabés que todas las canciones que sonaron alguna vez, y que te resonaron, difícilmente puedan perder el lugar que encontraron dentro.

Entonces lo que fue es.  Lo que hoy es tiene huellas de lo que fue y todo lo que es ya está dejando de ser ..

..para ser de un modo distinto.

Como la luna, que hoy brilla porque el sol la ilumina.

Como el sol que nos sigue alumbrando a través de esa luna.

......

pd: Para Martín que me hizo recordar este hermoso texto, que leí hace como nueve años y que en un momento muy difícil me ayudó a entender el lugar que ocupa lo pasado.

viernes, junio 13

con una sonrisa en tu rostro y una lágrima asomando a tu ojo.

With a smile in your face and a tear right in your eye

Lo supe en ese viaje en auto. En realidad un poco antes, cuando me lavé la cara llorosa, me tapé las ojeras y me decidí a ir.

Anochecía el domingo, uno de los primeros de otoño. Era la última vez que los tres íbamos como familia juntos a algún lado. La última vez que viajaba como la esposa a la derecha. Lo supe. Con una de esas certezas agridulces, donde se mezclan la aceptación y la tristeza. Pero, díganme loca, sonreí cuando en la radio sonó esta canción.

Brilla una luz.

Viajé con mi sonrisa apenas insinuándose primero, un poco más extendida después.

Saboreé la calma mientras memorizaba un pedacito de la letra para después googlearla.

En la reunión, después de hacer un esfuerzo descomunal e inútil por interactuar y disfrutar, terminé acostada en un cuarto, entre los bolsos, apretando los párpados cada vez que alguien entraba a buscar el suyo. Había tomado algo para calmarme que no se llevó bien con el vino. Estaba cansada. Pero sobre todo estaba por fin rindiéndome a la verdad.

May the good Lord shine a light on you
Warm like the evening sun
 

miércoles, junio 11

20 cosas.

Una tarde intensa de trabajo
Un recreo de hijo y arenero
Una merienda de limonada y canciones de Bob
Dibujos sobre la mesa
Una mirada, un abrazo
Eter decorado con imágenes y frases de Cortázar
Sentir trepar el entusiasmo
Leer, escuchar, hablar
El periodismo de regreso
La docencia de regreso
Empezar, de a poco, a descubrir a tus alumnos
Sonreír, aunque sea tarde, aunque haga frío
"Serenidad ante las cosas, apertura al misterio"
Escuchar este tema por (o como por) primera vez.
"Sos una persona hermosa"
Este audio de Pizarnik
Una cena preparada por Anita
Una canción de cuna que llega por Facebook
Una infusión de madrugada en el balcón
Quedarte dormida por primera vez en dos o más años




domingo, junio 8

como en perfecto octaedro

look with glittering eyes the whole world around you, because the greatest secrets are always hidden in the most unlikely places
(Roald Dahl)

¿Se acuerdan de que yo solía ser periodista? Mantuve el hábito durante más de diez años. Y así y todo nunca me encontré en el rótulo.
*Periodista*.
Algo desde el vamos me hacía ruido. El debut tuvo mucho que ver con eso. Después de dos años en televisión había entrado a trabajar como redactora en la revista Gente. Con todo el prejuicio y la adrenalina también. Llevaba poco más de un mes en la redacción cuando sonó el teléfono de mi casa. 6, 30 am. Había vuelto de cerrar alguna nota sobre farándula o belleza pasada la una de la mañana. Apenas reclinada sobre la almohada escuché a mi editor: "Hubo un incendio en un boliche. Tenés que ir a cubrir la morgue judicial". Era una mañana muy calurosa. Casi 200 pibes habían muerto entre el fuego y el humo de Cromañón. Ahí fui. Pasé todo el día enredada entre periodistas de radio y tevé que se limitaban a poner su cámara o grabador frente a quien hablara. Yo no acertaba a conseguir mi historia mientras intentaba ayudar a cada familia en su búsqueda desesperada. Los veía reunirse y volverse a dispersar "Vos andá a Chacarita, yo voy al CGP, vos al Pirovano". Las botellas de agua y las bolsas de papas fritas no alcanzaban para contrarrestar el calor, la presión baja, el ardor del día. Veía a mi compañero treparse a las ambulancias, interpelar a madres envueltas en llanto, pedirles fotos de sus hijos. Me preguntaba si yo tenía que hacer lo mismo. Hablé con sobrevivientes, que relataban la noche anterior con la mirada perdida y un tono que no se hacía cargo del horror que acababan de pasar. El fotógrafo no me tiraba ni medio centro. Volví a casa con un dolor de cabeza irremontable, dos o tres casos y una lista interminable de teléfonos.
Me vestía para recibir el Año Nuevo en casa de mi tía sin convencerme demasiado. De pronto quedarme con Kathy entre las cuatro paredes de mi monoambiente era una opción. Finalmente algo me hizo salir, tomar el colectivo y viajar hacia el festejo. ¿El periodismo sería eso? Lo preguntè en voz alta en la reunión, bajo un cielo iluminado por las más absurdas cañitas voladoras que vi en mi vida. Todos me escucharon atentos, nadie supo bien qué decirme.
Seguí adelante, quizá marcada por ese día. Ver mi nombre impreso se volvió cotidiano. Cambié de medio, compañeros  y jefes. Entrevisté mucha gente, viajé, estuve en los entornos más opulentos y los más miserables. Conocí grandes grandiosos y grandes mezquinos. Anónimos imborrables. Curioseé intimidades. Escribí notas y llené páginas. Conocí a mis dos grandes amigas. Hasta que otro día caluroso de diciembre cinco años después sentí la misma inadecuación. Cubría el caso Pomar para la revista Noticias. Después de asistir al allanamiento del auto, y de pasar dos días persiguiendo a familiares que guardaban digno silencio, fui al cementerio para la foto que esperábamos. Era la medianoche  cuando por fin llegaron los cajones. Teníamos la foto. Yo ya estaba afuera de Noticias.
Antes y después hubo cosas lindas. Como mis notas para la revista La Mano. Se acuerdan? Era un revistón que esperaba mes a mes. Hasta que un día me animé a ofrecerle notas al editor. Como las notas para Hecho en Buenos Aires que se pagaban poco pero se disfrutaban mucho. Y las de Las12, el suplemento que leía con devoción hasta que también, me animé a ser parte.
Y me detengo acá.
Porque ayer cuando me saludaron por el Día del Periodista por alguna razón me vino como flechazo esta nota. Debe ser de las pocas mías que sobreviven en Internet. Fue una de las más lindas y conmovedoras que me tocó hacer. Porque el libro que la disparó era único y mágico; porque su autora fue una mujer hermosa, porque el entrevistado era muy lúcido; porque lloré escribiéndola, porque salió rodeada de fotos en doble página central.... y -esto lo entiendo ahora- porque era una historia útil, que buscaba un punto de encuentro. Como creo tiene que ser el periodismo.
Ese libro, que espero mis lectorxs tengan el gusto de leer, fue a parar a manos de Beatriz, meses antes de que el cáncer terminara de devorarla. Le quise mostrar que no era la única que asumía una actitud tan vital ante la certeza de la muerte.
El viernes se fue una inolvidable señora, mamá de una amiga que quiero mucho. El papá de Noe la rema y rema. Su hija, con ojitos desencajados y un rubor que no disimula su miedo, también.
Será por eso que ayer recordé esta nota. Y que me decidí escribirle a mi mamá a quien no veo hace meses.
Sí, debe ser por todo esto que hoy, tres años después, puedo hacer las paces con el periodismo y agradecerle que me haya dado la posibilidad  de ver como en perfecto octaedro, y desde su centro mismo, las distintas caras que tiene esta vida para atesorarlas y un día -quién sabe- recordarlas en forma de anécdotas.

Post dedicado a Georgi, que se (y me) pregunta qué es ser periodista y no sabe que en buena medida ya lo es.
Feliz domingo muchachada!

martes, junio 3

miedo.

O medo é uma linha que separa o mundo
O medo é uma casa aonde ninguém vai
O medo é como um laço que se aperta em nós
O medo é uma força que não me deixa andar

El miedo desde siempre me presenta una paradoja. Por mudho tiempo quise creer que se puede vivir sin él. Desde chica cantaba el tema de Rosana, ese que dice "Sin miedo sientes que la suerte está contigo...". Aspiraba a vivir sin miedo. Hasta que un día me rendí al hecho de que no podía deshacerme de él así sin más. Le encontré su lado bueno, pero no por eso de la prudencia, la cautela o el por si acaso. Sino porque aprendí a identificar en cada cosa que temo algo que anhelo. Sí: muchas veces el miedo es la contracara de un deseo.
Y en estos días ¿saben a qué le temo más? A mi propio potencial. No sé si les pasa. Pero cuando todo empieza a andar de un modo menos trabajoso, incluso a fluir, a la sonrisa le siguen ojos empañados, una nubecita que viene a decir "No, no, no puede ser" o "No te vas a creer que todo es tan sencillo".
Me pasó ayer sin ir demasiado lejos. Miraba el documental de Buen día, día... varios años después. Esta vez no desde la butaca del Gaumont con Debi al lado, sino desde mi sillón, con el olor de Tomi, sus brazos rodeándome, su cabecita apoyada en mi hombro.
Sonreía por una amiga que quiero con el corazón, que me dio la exclusiva de su embarazo. Sonreía por Anita, que en ese mismo momento volaba a conocer Europa. Sonreía de belleza y perfección. Me asomé al patio con un vaso de vino,  miraba las estrellas y seguía sonriendo, sin más razones que la felicidad por mis amigas, la alegría de que mi hijo esté bien, que mi trabajo me siga entusiasmando, que haya planes...  y que una suerte de calorcito por estos días me abrigue el pecho.
Hasta que plof, me encontré mirando el suelo. El vaso apoyado junto a las macetas, mi mirada perdida quién sabe dónde.
Ahí fue que lo percibí. Tenía miedo. La enana represora dentro mío me estaba diciendo que no me hiciera tanta ilusión, que siempre hay esfuerzos por hacer y cosas por padecer.
Duró unos segundos el nubarrón. Porque lo agarré de frente y desprevenido. Y volví a eso que la enana jodida y cínica llama "optimismo infundado".
No creo que haya sido casualidad que esta mañana Juli Abiusi, Señorita Golondrina, con quien hago intercambios matinales de música, me mandara esta canción. Tan bella. Que me hizo reencontrar a este gran músico, con su genia bajista Yusa....



Y por primera vez siento que sí, se puede vivir sin miedo a lo que podemos ser. Y que así es como quiero vivir.