domingo, abril 27

valiente?

*Valiente*. Leí la palabra no sé cuántas veces en sus comentarios y en los mails que recibí. No la oí tanto de boca de seres queridos, quizá porque justamente ellos sepan que no se trate de eso.
Desde anoche quedé presa entre el pasado -mi pasado, con todos sus personajes y lugares- y los miedos que me cayeron como balde. Mi mayor miedo, siempre, sufrir. Quedé rehén de una batalla entre mi corazón y mi insoportable cabeza que no quería parar con sus circuitos laberínticos.
Hoy me vi obligada a darle lugar a ese pleito, y mirarlo casi como espectadora. Sin forzarlo para un lado u otro. Dejándolo ser.
Entonces, no sin angustia en el pecho salí a caminar, a ver si el afuera, el moverme, el ver otras cosas me aportaba algo distinto. Me tiré panza arriba bajo los árboles del Jardín Botánico y la claridad no llegaba. Porque sí, aunque me leí El Arte de Amar tres veces, y no importa cuántas más lo haga, hay veces que el miedo le gana a la fe, y las racionalizaciones que hace mi cabeza les dan duro a mis sentimientos.
Creo que cuento todo esto porque resume en menos de 24 horas lo que pasó internamente durante meses.
Esta *valiente* quiso distraerse, evadirse, engañarse a sí misma y a los demás. Un poco por esperanza, otro por lisa y llana cobardía de ver lo que había que ver.
¿Y qué había que ver? ¿Dónde estaba? Tardé un poquito en darme cuenta de que no estaba en las Noticias de Facebook, ni en los blogs, ni en el paisaje de la oficina, las charlas con mis amigos o mi familia, ni a veces siquiera en las sesiones con mi analista.
Estaba adentro. En un lugar quieto al que sólo pude acceder quieta. Un lugar que ubicaría en el medio del pecho, donde por lo general se posa mi angustia. Un lugar tan cristalino que cuando llegaba a él sólo oía una cosa. Lo que tenía que hacer, y formulado en primera persona. ¿Saben cuándo fue la primera vez que escuché esa voz? Enferma, un lunes a la tarde, volando de fiebre en la cama. Se presentó con la apariencia de certeza. Después tuve tiempo de volver a enfrascarla donde no molestara. Pero no pude, ya no, olvidarla.
Del mantra ese de yoga, o como se llame, esa frase que dice "Valor para cambiar lo que puedo cambiar. Serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, Sabiduría para reconocer y aceptar la diferencia", que repito todas las mañanas, lo que más necesitaba era lo segundo. Durante años había estado focalizada en mi valor y mi obstinada tenacidad para cambiar las cosas, hasta las que no admitían cambios.

Entonces, serenidad.
Cecilia, apagá esa mente por un ratito, por Dios te pido, serenate.
Bajá a ese lugar quieto y tranquilo.
Mirá lo que hay, lo que no.
Las sentís correr? Esas lágrimas son por lo que ya no hay.
Y oís aquello allá? Esa musiquita vital indica tu impulso por ser feliz.
Podés ver la diferencia entre ambas cosas?
Eso es la aceptación.
Ahora acción, acción, acción, que la vida es corta, La vida es una. Y no la vas a pasar sufriendo o resignando.
Andá y hacé lo que tengas que hacer.
Pero va a tener costos.
Sí, va a tener costos.

No soy valiente, no señor, no señora, por hacer lo que tengo que hacer, por dejar ir lo que ya no es, por hacer lugar a lo nuevo, por desear ser feliz incluso sin garantías de que vaya a serlo. Soy a lo sumo honesta conmigo misma y lo que quiero.

Quiero ser feliz, quiero que Tomás tenga una madre feliz, quiero que sus pulmones crezcan  respirando amor. Quiero vivir esta vida corta con todos sus colores y dolores, pero sin mentirme ni mentirle a nadie.

martes, abril 22

en reparación.

Me siento rara poniendo "Acceder", "Nueva entrada". Como si la que lo hiciera no fuera la misma yo que lo hizo el 9 de abril, la última vez que escribí. Este tiempo, que no fue tanto, se vivió como siglos. Un cambio de era. Probablemente sea la misma, pero no lo siento así. El otro día salí a caminar por Colegiales, y escuchaba esta canción, que dice algo así como "estoy en reparación, aún no estoy entera pero estoy llegando a ese lugar". Sentí que hablaba de mí. I´m in repair.
Una vez más me cuesta expresarme sin decir. No puedo y no quiero decir todo lo que pasó, pero creo que se lo imaginan. Y aunque todo es muy difícil y estuve literalmente al borde de la desesperación algo me mantuvo entera. (Y alguien, mi amiga Anita). Así que no, no estoy tirada llorando por los rincones. Estoy casi entera.
Creo que internamente ya estaba en este lugar, faltaba hacerlo verdad. Con honestidad, valentía y también, por qué no, un poco de resignación, o humildad, para decirlo en forma más amable. (No, no: aceptación es la palabra).
A dónde va todo no tengo la más mínima idea. El reino de Oz es un misterio. No diviso aún el castillo de Esmeralda, pero tampoco tengo a la bruja del Este acechando. Voy con mi Totó viviendo cada día como un hoy nuevo y fresco, a veces con alegría, a veces con ansiedad, pero siempre con firmeza. Eso que decía. Este caminito de ladrillos amarillos será incierto pero no resbaladizo.
Ya habrá tiempo para que todo duela y cueste un poco más. Seguro. No creo que un proyecto de vida y un amor puedan quedar atrás sin más. Habrá tiempo para llorar. Soy una campeona de las lágrimas.  Y sé que voy a extrañar. Claro. Muchas cosas. Pero ¿saben què? La mayorìa de ellas ya tenían vocación de recuerdo hace rato.
No siento que sea un fracaso. ya superé esa etapa. No me preocupa el qué dirán. Ni lo que debería ser o podría ser. Es lo que es. Duele, seguro, pero más dolía la imposibilidad cada día, día tras día, semana tras semana, de encontrarnos y amarnos en paz.
Hoy dos personas muy queridas me preguntaban por qué no escribía. Es que no encontraba -y creo, sigo- sin encontrar las palabras. No terminan de aparecer en mis dedos como tantas otras veces. Y también es que a veces se siente como demasiado lo que tengo que suprimir del relato.
Por lo pronto puedo decirles que voy recuperando mi energía. Que bailo todas las mañanas con Tomás los videos de YouTube como dije una vez que quería hacer, a la noche escucho los Románticos de la 100 porque sí, aún creo en el amor, que puse en mi Facebook una foto sin maquillaje y que, para cuando quiero mostrarme menos desprevenida- ya tengo mi nuevo labial rojo.


Habrá alguien que no perdone que mi post no sea lo suficientemente vouyerista. Pero es todo lo que puedo decir ahora. Y ya es mucho.
Gracias por los mensajes que me dejaron en la última entrada. ¡Y los mails! Los leí todos más de una vez. ¿Cómo es posible que estemos tan cerca? No lo sé. Gracias, como siempre. Me desbordan de cariño.
Hasta prontito muchachada.

c.

miércoles, abril 9

that's where you'll find me




Someday I´ll wish upon a star
And wake up where the clouds are far behind me
Where troubles melt like lemon drops
Away above tje chimney tops
That´s where you´ll find me
Somewhere over the rainbow 
 
 
Muchachada linda, me voy a dar un paseo por the yellow brick road, el caminito que vi hacer a Dorothy tantas pero tantas veces cuando era chiquita. Ustedes saben que no es un recorrido fácil y que el lugar al que llega no necesariamente es como el hogar que dejó atrás.
Entiendo que se alarmen, pero no puedo ser mucho más clara sin ser explícita. Y esto es lo último que quiero por ahora.
Estoy bien, estamos todos bien.
Sonrío, de veras.
 
c.

PS: Lean esto. Esto, con las noticias de ayer, sí importa.

martes, abril 8

puesta a prueba.

Ayer me tocó recibir no uno, ni dos, sino diez baldazos, qué digo, containers, de caca.

Dolió tanto. Tanto. Pero no entré. No me ofendí. No reaccioné. Lloré apenas un minuto. No me defendí.

Me mantuve firme en lo que pienso y siento. Si me angustié un poco lo canalicé antes de cruzar la puerta de mi casa.

También para enfrentar estas cosas me dio fuerza Tomás, la maternidad, la búsqueda interna que vengo haciendo hace un tiempo largo.

Por eso pudimos comer y dormir tranquilos y hoy amanecer muertos de risa, con cosquillas, mates, bailando temas de Pappo y los Stones. 

Estar parada donde estoy, un lugar difícil,  requirió despegarme de lo que dice el otro de mí. Entender que lo que diga el otro de mí no necesariamente coincide con quien soy yo.

Ese desapego puede llevar años y sin otros condimentos se vuelve separación.

La  verdadera utilidad de la vasija reside en su vacío.
La eficacia del vacío como instancia generadora de fuerzas y de energía.

No es un lugar feliz el que piso, pero estoy segura de que es más genuino que el suelo sobre el que venía patinando.


c.

lunes, abril 7

47.

No soy de pesarme. Los jeans -sobre todo los de Paula, o uno de Tommy de esos que no ceden medio centímetro- son mi parámetro.
Sí sé que mi peso mínimo histórico fue de 46, 5. Tenía 16 años, y mi obsesión por la delgadez me llevaba a comer tres Frutigran y dos rodajas de calabaza en todo el día, además de caminar 20 kilómetros  (Hacía todos los trayectos a pie).
Estaba al borde de la anorexia.
Cuando aquella vez la balanza marcó esa cifra lo sentí como un triunfo.
Cuando el sábado en lo de Anita vi el 47 en su balanza lo sentí como una señal, casi una alarma.
Juro que como, así que ni se tomen la molestia de retarme. Y estoy esmerándome en que hacerlo del modo más equilibrado posible.
Bueno, sí, estoy consumida.
Vienen viendo parte de ese proceso por acá.
Les prometo que cuando pueda pondré las palabras necesarias para decir lo que hace falta.
Que empiecen muy bien la semana!
Y que sea  con una música  que ilumine.
c.

miércoles, abril 2

los amigos, la música, su sonrisa, mi trabajo, el espejo

Out of the darkness, only light can come
After a lonely long night comes the sun

En las últimas 24 horas pasaron cosas lindas y no tan lindas. Ninguna grave, alguna maravillosa. Es interesante observar cómo pueden convivir todas. Y cómo la luz siempre le gana a la sombra.
Y a mí me pueden salvar la música, mis amigos como Noe y Proco, que hoy nos recibió con un mega brunch hecho con sus manos; la sonrisa (y ojitos) de Tomás, mi trabajo y ahora, descubrí, el ejercicio del espejo.
Anita -mi gran amiga Anita- también se tomó el trabajo de escribir y mandarme las que llamó "Instrucciones para ser Cecilia". No se las voy a transcribir porque son muy íntimas. Las leí tres o cuatro veces. Lloré. Entre otras cosas me dejó esta canción hermosa. Y el ejercicio del espejo. Mirarme hasta desprenderme de mi imagen, y ver qué hay.

Puse PLAY.
Me paré frente al espejo.
Primero me vi flaca ,ojerosa y con el pelo seco.
Después vi en mis ojos cansancio de luchar.
Sonreí. Y vi que mi sonrisa en verdad era una mueca tristona.
Seguí.
Los ojos se pusieron vidriosos.
Solté el rodete.
Entonces no sé cómo me descubrí sonriéndome a mí misma con complicidad.
Los ojos ahora tenían brillito, las cejas levantadas.
Me espié de perfil mientras metía las manos entre el pelo.
Y me reí más fuerte.
Y a esa del espejo, le dije - me dije- "Ey! Estás ahí!"