miércoles, febrero 19

colores verdaderos.

But I see your true colors
Shining through
I see your true colors
And that´s why I love you
So don´t be afraid to let them show
Your true colors
True colors are bautiful,
Like a rainbow

Hace muchos días que esta canción suena en mi cabeza. Y ahora entendí por qué. Me estoy animando por primera vez a ver la vida en todo su abanico de colores. A veces todos juntos y brillantes, como los de un arco iris. Y a veces menos variados, más opacos.
En este mundo blogger detecté que nos esmeramos mucho en contar lo bello, lo dulce, lo contento, lo estridente ...lo colorido del asunto. Sí. Todos - ¿Debería decir "todas"?- nos esmeramos y mucho en resaltar nuestro arco iris, aunque a veces resplandezca sobre un cielo gris. El lado A que no necesariamente viene sin lado B. Y nos guardamos cuando hay nubes o tormentas, y no decimos nada. Quizás omitiéndolo pretendemos que sea menos real. Quizá no sabemos ponerle palabras. Quizá el gris no es fotogénico. O quizá somos todas almitas con tanta vocación de equilibrio que no admitimos que a veces llueve sin sol ni arco iris. Y no hay remedio para eso, más que abrir el paraguas, esperar a que pare o -si tenemos suerte- bailar bajo la lluvia.
De cualquier forma, a lo que voy, es que en mi vida aprendí a darle una dimensión a lo que es. Lo que es. Independientemente de lo que me gustaría que fuera. Nada que se parezca a la resignación, sino más bien a la aceptación.
Estos dos últimos años fueron los más intensos de mi vida. Pasó de todo un poco. Incluso las mejores de ellas trajeron un correlato inesperado. Ya saben: no hay mudanza sin estrés, ni hijo sin cansancio, ni muertes felices, ni trabajo sin exigencia, ni pareja sin conflicto, ni incertidumbres mansas. Hice y me pasaron cosas buenas y malas, y en todas ellas estuve presente, pero de algún modo con ese anhelo interno de encauzar, de ser la que debería. A veces ocultando hasta de mí lo que no quería ver.
Pero estos mismos dos años me depositaron donde estoy ahora, una noche de febrero, cuando escribo, mostrándome los verdaderos colores.
Soy la mujer que soy, cada persona es lo que es, las cosas son lo que son y lo que pasa también es.
Así haya un arco iris cruzando de punta a punta la ciudad, así no pare de llover, así mañana tampoco salga el sol no hay nada mejor que ver los verdaderos colores.
Los míos, los ajenos, los del mundo alrededor.
Y son todos igual de hermosos.

viernes, febrero 14

el arte de amar.

Hoy, Día de los Enamorados, quiero hablarles del Arte de Amar, que no es el Arte de Vivir, aunque sí, es una forma de vivir.

Ante todo es un libro escrito por Erich Fromm. Seguro un montón lo conocen. Durante .. no sé.. años? supe que tenía que leerlo, que estaba escrito para mí. Ya saben: todo, desde el título, hasta la última entrada en este blog,tiene que ver con el amor. En su sentido amplio.  Pero les voy a hablar de lo que me pasa a mí con este libro.

Amar -sí, así, en forma de verbo, no de sustantivo- es una actitud. Es una forma de mirar y experimentar el mundo. Es una búsqueda espiritual en la que vas encontrando pequeños tesoros, aunque no creo que haya cofre al final. Así lo es para mí. Y me encontré con que este hombre, de cuya trayectoria sé poco y nada, le puso a todo eso las palabras precisas. Tanto que hasta veces me molesta, porque como yo no podría decirlo mejor termino parafraseándolo cuando no citándolo.
 
No es un libro amable, ni poético. Por momentos es más bien áspero. Amar no es fácil. Nadie nace sabiendo cómo dar y recibir amor. Aprendés o no, y esa es tu decisión. Hay un momento de tu vida en que decidís de qué lado estás. Si querés que te amen o si ante todo querés amar. En un primer momento podés inclinarte a pensar que es mejor lo segundo, porque te garantiza no sufrir. También esa es una elección.
 
A mis 20 años todavía no había tenido novio. Y a la noche, a veces incluso llorando, pedía conocer el amor, aunque después sufriera. Al poco tiempo pasaron ambas cosas. Seis años después -llevaba dos sola- un domingo en casa lloraba porque no sabía qué hacer con mis ganas de dar amor. No sabía a dónde meterlas. Quería amar a alguien. Llegó esa noche.

No soy una gurú. Claramente no lo soy. No soy una mujer sabia, de temple sereno, que pueda dar cátedra sobre nada, mucho menos sobre asuntos del corazón, pero sí puedo decir lo que descubrió el mío en este campo.

Sosloqueamás se trata de eso. No podés definirte por quién o cuánto te ama. Eso no te pertenece. Estoy convencida de que nada, nada, nada en el mundo te pertenece más que tu capacidad -o incapacidad- de amar. Es la valijita que llevás a todos lados.

Es el modo en que te aproximás o enfrentás al otro. No ya una pareja... cualquier persona en este planeta. Podés buscar su esencia, o concentrarte en lo que los diferencia. Encontrar qué lo o la hace bella, o juzgar a esa persona según cánones que siempre están a la mano.

Es tu modo de relacionarte con el tiempo. Aprovechándolo, amándolo porque es uno y finito, o dejando que se escurra entre tus dedos. Vos sabés cuándo te estás conectando con una energía baja, y está bien, no se puede vivir siempre en la más altas de las vibras. A veces hay que abrir la revista de chismes, hablar mal de alguien, comerse una docena de facturas y mirar una bazofia en  la tele. Pero después tenés que volver a vos,  porque el tiempo es muy poco como para andar tan distraídos.

El arte de amar es una manera de experimentar lo material. Recibir es lindo, dar no tiene precio. Y que no suene a caridad, por favor, no! Otra anécdota: una vez mi ex novio me habló por teléfono, y yo supe por su voz que quería verme para terminar. (Después íbamos a volver, pero yo no lo sabía).
Quedamos para la mañana siguiente. Esa tarde me fui a Musimundo y le compré el último CD de su banda preferida. Al día siguiente me desperté temprano, me vestí con mi más linda pollera y me perfumé, y sentados en el parque, aun después de escuchar lo que tenía para decirme, le di su regalito. (El hit de ese disco era “Si el amor se cae”, ja.). Se quedó medio helado, pero no me importaba. Lloró, pero yo tenía que dárselo. Tenía que ser lo que amaba hasta las últimas consecuencias. Agarrada de ahí no te tira nadie.

Es un modo de vincularte. No creo en eso de la media naranja y el “You complete me”. Creo más bien en la posibilidad de elegirse desde un lugar lejano a la falta y la necesidad. Por eso necesité aprender a vivir y a estar sola; a creer en mí y amarme (esa es la parte que aún hoy cuesta, pero ponerme metas y cumplirlas fue un buen método). A abandonar el tentador lugar de víctima.

Así quiero vivir.


Erich Fromm dice que para amar se necesita fe. Y acá hay que despojar a esta palabra de todo lo que uno presupone de ella. Fe es irte a dormir con la convicción de que mañana te vas a despertar. Eso es la fe. Ni más ni menos. Casi lo contrario al miedo.

La práctica de la fe y el valor comienza con los pequeños detalles de la vida diaria. El primer paso consiste en observar cuándo y dónde se pierde la fe, analizar las racionalizaciones que se usan para soslayar esa pérdida de fe, reconocer cuándo se actúa cobardemente y cómo se lo racionaliza. Reconocer cómo cada traición a la fe nos debilita, y cómo la mayor debilidad nos lleva a una nueva traición, y así, en adelante, en un círculo vicioso. Entonces reconoceremos también que mientras tememos concientemente no ser amados, el temor real, aunque habitualmente inconciente, es el de amar. Amar significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto de fe, y quien tenga poca fe también tiene poco amor. 

Perdón si fue largo, y no salió nada romántico más adecuado a este Día de los Enamorados Es que leí por tercera vez este libro antes de soltarlo (ahora tiene un gran destino)  y necesitaba compartirlo con ustedes.

Gracias muchachada por sintonizar el canal cronopio,

c.

martes, febrero 11

él, hoy, vos.


Es tu motor y tu freno. La luz verde y la roja. De a ratos la amarilla de la cautela.
Con él no podés precipitarte ni dilatar demasiado.
Vino a mostrarte de qué se trata la responsabilidad, no como un deber, sino como tu respuesta natural a sus necesidades.
Con él no hay "pido". No hay "¡Máh sí!". No hay "Chau, renuncio", no hay madrugadas de Oreo y pelis con una amiga. Y aun en la peor de las crisis no hay pasajes a Roma, India o Bali.
Entonces tenés que seguir, lo que muchas veces significa quedarte justo donde estás, buscando espacios para descomprimir, pensar, aflojar, llorar.
Después abrís la cortina de la ducha y lo más seguro es que el mundo siga igual allá fuera, pero vos  te sientas más limpia y lista para enfrentarlo.
Sí, él es el hoy.
Y vos no habías conocido hasta ahora la verdadera cara del hoy.
Porque además de todo él vino a enseñarte eso del aquí y ahora.
Sin opción, ni ilusión, ni deseo de escaparles.

lunes, febrero 10

lo roto.

Lunes, pegajoso, gris, maldormido, afiebrado, que sigue a un fin de semana muy cansada, donde me dolía cada músculo porque incubaba esta anginas -otra vez- que ahora hacen un nudo de mi garganta. El llanto, los gritos, el cansancio más absoluto, el "Por favor ya basta",
Tomi de cabeza al piso, su llanto, su chichón.
La casa patas para arriba por los pintores.
Las ilusiones de tres días tranquilos desparramadas y pisoteadas sin consuelo.
Eric Bibb con su tiempo necesario y los ibuprofenos que apenas mitigan el dolor ahí donde tragás.
Una lista interminable de cosas que no sé si tienen arreglo.
Buscar y añorar puentes que ya no están.
De repente tener una foto de quién sos hoy, y no gustarte nada.
Y a la vez, un impulso de ser feliz.
No querer vivir así.
Sentir cada vez más que cualquier cosa sería mejor que esto.

miércoles, febrero 5

bailar.

Quiero bailar, bailar, bailar, bailar, bailar, bailar, bailar, bailar, balar, balar, bailar, bailar, bailar y bailar.











Eso quiero.

Porque amo la música, y entre los que la viven y la contemplan prefiero quedarme entre los primeros; porque mi cuerpo necesita expresarse, transpirar, cansarse hasta terminar exhausto; porque mi cabeza necesita recreos; mis facciones sonrisas y mi vida distensión.

Así que para este año me deseo bailar, si puede ser tomando clases, pero si no imitando videítos de YouTube.

Como sea, bailar.

¿Vos bailás? Qué? Dónde? Cómo?

martes, febrero 4

así está bien.

Hoy cumplo años.
33.
El mejor regalo llegó anoche, con una visita sorpresa de mi hermano y mi sobri.
Pablo sirviendo el asado.
Tomi aplaudiendo con sus manitos regordetas frente a la vela.
Amanecer todos esta mañana.
Hornear una torta después de mucho tiempo para traer a la oficina.
Recibir regalitos inesperados.
Que mi hermana me diga que soy "totalmente un Arco Iris."
Los ojitos de Tomi por celular.
Que me recuerden mi cronopiez.
Hacer planes con amigos.

No tener la inquietud por festejar, y sentir que así está bien.

lunes, febrero 3

la gioa.

Seel por acá no necesita la presentación que le hice en Facebook. Pero sí puedo decir lo que yo vi en ella, que quizá a quienes sólo la conocen virtualmente se les escape.

Es una pila de energía.
Una pila de vida.

Es linda, radiante. Tiene ojos que chispean. Flequillo recto, labios pintados de rojo anaranjado.

No puedo escuchar a Zaz sin pensar en ella.

Habla un idioma loco, donde las palabras se deforman y resignifican a su antojo, y todos entendemos perfecto. Pero más dice con sus lápices, su lapicera, sus acuarelas. Lo que quiera expresar ella lo logra en sólo unos trazos. (Creo que estuve meses riéndome de "Il forro", un recepcionista ortiva que les tocó en Roma y que ella retrató con maestría).

No sé cómo nos hicimos tan afines. Pero un poco ocurrió cuando me mandó por mail y de puro corazón bondadoso una portada para Sosloqueamás.

Después los encuentros ao vivo. Mi panza. Sus chupines amarillos. Las pizzas amasadas por su half orange. Sus anécdotas con Benjamin Biolay. Los regalitos con China y Vero en La Esperanza. El brunch a todo color con Miki.

Y ese mail, que nunca voy a olvidar, que sacó un rayito de luz el día más triste de mi año pasado (que no, no fue el de la muerte de Beatriz). El asunto: libro.

Bueno, esa es Seel. A quien quiero con su carácter hilarante, tozudo y camorrero. quien desparrama color por Punta Alta. Quien llegó a mi vida para quedarse.

Esa es Seel, pura alegría. La que con una idea, y sin que nosotros los involucrados moviéramos un dedo, editó esta fabulosa revista que hoy les comparto, donde uno de mis cuentos para Tomás se codea con un texto de Vero, otro de Bren y de Martín, fotos increíbles de Dima e ilustraciones de la mismísima creadora.





Gracias por ser la primera que publica un texto mío salido sólo de mi imaginación.

Espero que disfruten  tanto la revis como yo.

Feliz lunes muchachada,

c.