domingo, junio 8

como en perfecto octaedro

look with glittering eyes the whole world around you, because the greatest secrets are always hidden in the most unlikely places
(Roald Dahl)

¿Se acuerdan de que yo solía ser periodista? Mantuve el hábito durante más de diez años. Y así y todo nunca me encontré en el rótulo.
*Periodista*.
Algo desde el vamos me hacía ruido. El debut tuvo mucho que ver con eso. Después de dos años en televisión había entrado a trabajar como redactora en la revista Gente. Con todo el prejuicio y la adrenalina también. Llevaba poco más de un mes en la redacción cuando sonó el teléfono de mi casa. 6, 30 am. Había vuelto de cerrar alguna nota sobre farándula o belleza pasada la una de la mañana. Apenas reclinada sobre la almohada escuché a mi editor: "Hubo un incendio en un boliche. Tenés que ir a cubrir la morgue judicial". Era una mañana muy calurosa. Casi 200 pibes habían muerto entre el fuego y el humo de Cromañón. Ahí fui. Pasé todo el día enredada entre periodistas de radio y tevé que se limitaban a poner su cámara o grabador frente a quien hablara. Yo no acertaba a conseguir mi historia mientras intentaba ayudar a cada familia en su búsqueda desesperada. Los veía reunirse y volverse a dispersar "Vos andá a Chacarita, yo voy al CGP, vos al Pirovano". Las botellas de agua y las bolsas de papas fritas no alcanzaban para contrarrestar el calor, la presión baja, el ardor del día. Veía a mi compañero treparse a las ambulancias, interpelar a madres envueltas en llanto, pedirles fotos de sus hijos. Me preguntaba si yo tenía que hacer lo mismo. Hablé con sobrevivientes, que relataban la noche anterior con la mirada perdida y un tono que no se hacía cargo del horror que acababan de pasar. El fotógrafo no me tiraba ni medio centro. Volví a casa con un dolor de cabeza irremontable, dos o tres casos y una lista interminable de teléfonos.
Me vestía para recibir el Año Nuevo en casa de mi tía sin convencerme demasiado. De pronto quedarme con Kathy entre las cuatro paredes de mi monoambiente era una opción. Finalmente algo me hizo salir, tomar el colectivo y viajar hacia el festejo. ¿El periodismo sería eso? Lo preguntè en voz alta en la reunión, bajo un cielo iluminado por las más absurdas cañitas voladoras que vi en mi vida. Todos me escucharon atentos, nadie supo bien qué decirme.
Seguí adelante, quizá marcada por ese día. Ver mi nombre impreso se volvió cotidiano. Cambié de medio, compañeros  y jefes. Entrevisté mucha gente, viajé, estuve en los entornos más opulentos y los más miserables. Conocí grandes grandiosos y grandes mezquinos. Anónimos imborrables. Curioseé intimidades. Escribí notas y llené páginas. Conocí a mis dos grandes amigas. Hasta que otro día caluroso de diciembre cinco años después sentí la misma inadecuación. Cubría el caso Pomar para la revista Noticias. Después de asistir al allanamiento del auto, y de pasar dos días persiguiendo a familiares que guardaban digno silencio, fui al cementerio para la foto que esperábamos. Era la medianoche  cuando por fin llegaron los cajones. Teníamos la foto. Yo ya estaba afuera de Noticias.
Antes y después hubo cosas lindas. Como mis notas para la revista La Mano. Se acuerdan? Era un revistón que esperaba mes a mes. Hasta que un día me animé a ofrecerle notas al editor. Como las notas para Hecho en Buenos Aires que se pagaban poco pero se disfrutaban mucho. Y las de Las12, el suplemento que leía con devoción hasta que también, me animé a ser parte.
Y me detengo acá.
Porque ayer cuando me saludaron por el Día del Periodista por alguna razón me vino como flechazo esta nota. Debe ser de las pocas mías que sobreviven en Internet. Fue una de las más lindas y conmovedoras que me tocó hacer. Porque el libro que la disparó era único y mágico; porque su autora fue una mujer hermosa, porque el entrevistado era muy lúcido; porque lloré escribiéndola, porque salió rodeada de fotos en doble página central.... y -esto lo entiendo ahora- porque era una historia útil, que buscaba un punto de encuentro. Como creo tiene que ser el periodismo.
Ese libro, que espero mis lectorxs tengan el gusto de leer, fue a parar a manos de Beatriz, meses antes de que el cáncer terminara de devorarla. Le quise mostrar que no era la única que asumía una actitud tan vital ante la certeza de la muerte.
El viernes se fue una inolvidable señora, mamá de una amiga que quiero mucho. El papá de Noe la rema y rema. Su hija, con ojitos desencajados y un rubor que no disimula su miedo, también.
Será por eso que ayer recordé esta nota. Y que me decidí escribirle a mi mamá a quien no veo hace meses.
Sí, debe ser por todo esto que hoy, tres años después, puedo hacer las paces con el periodismo y agradecerle que me haya dado la posibilidad  de ver como en perfecto octaedro, y desde su centro mismo, las distintas caras que tiene esta vida para atesorarlas y un día -quién sabe- recordarlas en forma de anécdotas.

Post dedicado a Georgi, que se (y me) pregunta qué es ser periodista y no sabe que en buena medida ya lo es.
Feliz domingo muchachada!

7 comentarios:

Georgi dijo...

Me emocione ayer con la nota, hoy me emociono con este post. Me quedo con la certeza de que no pude preguntarle a mejor persona de que se trataba el periodismo.
Esa frase la tengo en mu puerta pizarrón hace tres años y pico, me estás haciendo re significarla.No había notado cuanto del oficio podia encerrar. Tiene razón Roald, los mas grandes secretos están siempre escondidos en los lugares mas impensados.

Gracias por tanto.


Hasta ahora yo descubrí que no quiero ser una periodista sin compromiso o sin ética-con todo lo que esa palabra envuelve- hacia mí, hacia lo que cuento -y a quienes sean protagonistas- y hacia los que reciban.
Me voy a guardar este post para siempre.
Gracias de nuevo.

Anónimo dijo...

Hola Ceci,
En enero empecé una pasantía en Página, después de tantos años soñando con ese lugar, con cómo sería estar sentada en esas sillas, cómo sería la cara de esa gente que leía, etc.
Después de tantos pirulos, un día me dicen "las abuelas encontraron a la nieta número 110 y lo van a anunciar mañana en conferencia de prensa, ¿te animás a cubrirlo?". Y allá fui con mi grabador, las manos me temblaban, las lágrimas se me asomaban a cada rato por los ojos.
La adrenalina de volver a la redacción y que las agujas del reloj empiecen a correr, y que la inspiración te caiga media hora antes de entregar la nota...
La semana anterior a comenzar la pasantía vos me dijiste, sin conocerme: "no me cabe ninguna duda de que te van a llamar". Gracias por el empujón de confianza.
Alzo mi copa por "el oficio más lindo del mundo", como bien dijo García Márquez.
Te felicito en tu día y te mando un beso enorme, siempre agradecida..
"Ceci tocaya".



Alicia Seminara dijo...

Ceci hermosa, qué palabras, qué manera de contarnos tantas cosas y qué bueno seguir conociéndote. Beso gigante!

Automne dijo...

Feliz día, Ceci! Muy linda la nota, me emocionó. Pero, más lindo tu post. Un beso!

Ro Rose dijo...

Qué linda sos :)
Muy lindo el post y la nota.
te mando un beso enorme.

Ana (de los limoneros) dijo...

Que Maravillas! la nota me encantó y me encantó leerte desde otra perspectiva...
Un abrazo y gracias!

perica dijo...

nunca es tarde para empezar a leer un blog. auqnue hayas decidido cerrarlo. porque yo blogueaba y blogueaba y un dia me supero la intimidad expuesta, o el emprendimiento del Pez y el trabajo de 8 hs , o vaya a saber que cosa...y me abrumé-
soy de las que de repente me encontre tratando de ubicar personas y sobrenombres con sus blogs y se me mezclaron todos y me resigné.

yahora, que mi vida está pro tomar otro rumbo decidi que quizas era tiempo de retomar mi blog. no estoy segura del todo. y no sé por que cosa llegué acá y hace dos horas qu ete leo y me tengo q poner a laburar pero me cuesta...: y como puedo ser tan boluda que yo no leia sos lo que amas? no sé. no entiendo.

llego tarde. pero me quedo por acá- quien te dice un dia vuelvas.
y yo también...

un abrazo