lunes, septiembre 23

yo ya sabía.

Amo los atardeceres en la costa
y la renovación de la mañana
Amo la línea del horizonte
tan intrigante de día
tan indescifrable en la noche
Amo escuchar música en el coche
y ver a una gaviota volar
muy cerquita del mar
Amo poder escribir,
amo poder decidir.
Amo la incertidumbre del mañana
que es la que alimenta mis ganas
de vivir siempre un día más
Amo mirar por la ventana
la lluvia caer y mojar
Amo el ronroneo de mis gatos,
las calles sin asfalto
y esas otras de adoquín
que me recuerdan días que viví
con mi abuela en Belgrano
Amo oír a un bebé parlotear
y a los buenos ancianos,
y a los adultos que encontraron
la plenitud a través de los años
Amo las noches con cielo despejado
y el viento que anuncia el chaparrón
Amo que el sentimiento
aún supere a la razón
Amo los ratos de soledad
y los libros que me hacen pensar
Amo la pizza, la paella y las albóndigas de mamá.
Amo poder rezar,
poder llorar y gritar
Amo percibir la modorra
y dejarla avanzar
Amo los viajes
y la alegría de regresar
Amo el dulce de frambuesas
y las golosinas en general.
Amo haber encontrado un poema
que inspiró este otro poema
y que las palabras no sean suficientes
para expresar todo lo que amo de verdad
Amo mi habitación y mis cosas
y a todas las personas maravillosas
que me acompañan en el camino
Amo saber que el destino
es imposible de adivinar
Amo mi colegio,
mi pasado, mi presente
haber tenido esos privilegios
y ser ahora conciente
Amo el tiempo que me queda
para amar a alguien de verdad
Amo sentirme querida
y darles cariño a los demás
Amo todo esto y mucho más
pero sobre todas las cosas
amo esta capacidad inagotable de amar.

--
Este poema lo escribí el 30 de julio de 1998. Lo escribí en mi cabeza, caminando como siempre por la zona de Playa Chica y Cabo Corrientes. De eso me acuerdo perfecto. Después se ve que lo pasé a papel y, de acuerdo con el encabezado, al año se lo regalé a mi papá.
Me emocionó haberlo encontrado. Me emocionó que mi papá lo atesorara. Pero lo que más me emocionó es que pasaron más de 15 años, y lo que dice sobre mí, mis sentimientos, mis gustos, mi forma de pensar, hoy es más preciso que una radiografía.
Esa adolescente, que tenía casi la mitad de la edad que tengo hoy, sabía mucho sobre sí misma.
Ni siquiera se había filmado el Ladrón de Orquídeas, y ya sabía por ejemplo que ante todo ella era lo que amaba.


martes, septiembre 17

volver a casa.

Les pasó alguna vez sentir que estaban fuera de eje, que perdían el centro? Hace dos semanas que tengo esa sensación.
Salgo de la oficina y cuando llego a casa, y me reencuentro con MI mundo, me siento un poco perdida... como mirando una peli de la que soy una actriz de reparto. Es todo una sensación, claro. Pero no por eso menos molesta.
Hacer compras? Cocinar? Escuchar mi música? Hacerme las uñas? Leer blogs? Escribir en el mío?
Cosas tan simples se vuelven lejanas.
Lo miro a Tomi y siento que pasó un mundo desde que lo dejé temprano en casa.
Todo cuanto logro hacer es dedicar la energía que me queda a estar con él, jugar juntos, bañarlo, darle de comer, cantarle para dormir... a veces con cierta ausencia que no soporto ni quiero dejar avanzar.
Gerónima y Pablo me cuentan las novedades del día y eso empeora mi sensación de enajenamiento.

A veces, con suerte, toda esta cuestión interna, ese lugar remoto desde donde los miro, se empieza a desvanecer con el correr de las horas, porque Tomás, Pablo, Rolfi, Kathy o un rato de yoga me traen de nuevo a mi lugar.

Otras -muchas- estoy con trabajo que hacer robándole tiempo al tiempo para completarlo.

Sin saber bien cómo el trabajo empezó a ocupar más casilleros de los que le corresponden, absorbiendo mucha de mi energía mental, física y -la peor cagada- emocional.

Hoy las anginitas de Tomás me hicieron reaccionar. Me pide upa, abrazos, me busca con la mirada y llora apenas me alejo...

Por ahí di muy por sentado lo bien que marcha mi tren para concentrarme demasiado en el paisaje..

Estoy intentando reconectar.
Cuéntenme qué se les ocurre para lograrlo.

c.

martes, septiembre 3

un papelito.


Miércoles 28 de agosto

Traiciones de la ansiedad: Ese papelito se empezó a imprimir en algún punto del futuro cuando me inscribí en la carrera en 1998; se fue haciendo más cierto cuando empecé el CBC en 1999; cuando di cada una de las 34 materias hasta el último final a mediados de 2006; y más adelante cuando entregué la tesis en febrero de 2010. Ni te cuento cuando la defendí en agosto de ese año. Me tomé un año para tramitar mi diploma, y los señores UBA se tomaron dos para elaborarlo. Desde que todo empezó pasaron más de 14 años.

Y ahora que ese punto en el futuro llegó y tengo que esperar hasta el martes para retirarlo siento que estos cinco días son mucho más de lo que puedo soportar

Martes 03 de septiembre

Hoy temprano el sol entraba por las ventanillas del 140. Desde mi asiento junto al pasillo veía a tres señoras menear la cabeza de un lado a otro. Decían que no. Una –la que se sentaba a mi lado- llevaba auriculares y sonreía. Creo que algo le causaba mucha gracia, y hay gente que hasta cuando ríe dice no. La otra –en el asiento frente a mí- miraba con insistencia el reloj, así que calculo que se le hacía tarde y necesitaba expresarlo corporalmente. La última, al otro lado del pasillo, parecía tener algún tipo de  tic. Lástima que no le dio por el .

Mi viaje tenía final abierto. Iba a retirar el “papelito”.

Ya en el edificio oscuro sobre Marcelo T. de Alvear recibí el asedio de una decena de estudiantes repartidos en distintos pisos intentando entregarme panfletos de sus agrupaciones políticas. A todos contesté lo mismo,  un poco jactanciosa: “Gracias, ya no voto”.

Una vez que averigüé dónde era el Departamento de Títulos me di cuenta de que estaba midiendo cada movimiento. Con una batería de improvisadas cábalas –cruzar los dedos, entrar con el pie derecho, no sacar el DNI hasta el último momento- intentaba controlar lo incontrolable, lo impredecible, lo azaroso… lo mucho que se puede emputecer todo cuando se trata de la UBA.

- Vine a buscar mi título- Le dije a la chica que me atendió. La misma que cuando inicié el trámite hace dos años seguramente ni se imaginaba embarazada. Mi tono de voz impávido. Hasta la emoción amordacé no fuera que desbaratara mi plan de volverme con mi diploma.

Mientras se lo decía le entregué mi DNI. Desapareció de mi vista. Fueron minutos largos, unos cuantos. En otra ventanilla una alumna con calzas animal print le contaba al empleado cómo se estaba preparando “psicológicamente” para la extracción de sangre del examen de salud obligatorio. “Mi papá es hemofílico”, le decía-. El hombre atrás del mostrador asentía. “Y yo veo una aguja y me baja la presión, pero ya te digo, me estoy mentalizando para el viernes, para no desmayarme, imaginate”.

A mi lado una egresada venía con media esperanza de encontrar su título: “Supuestamente ya tiene la firma del Ministerio”, me explicaba, “pero nunca se sabe, y como acá nadie te avisa nada…”

Mientras el suspenso de mi trámite iba en aumento, le dijeron que no, que esperara mínimo 70 días más. La chica recibió la noticia sin sorpresa, me deseó suerte y se fue.

Fue entonces cuando vi venir a la empleada hacia el mostrador con su panza, una carpeta y una cartulina blanca enrollada.

Todo mi cinismo se esfumó en un microsegundo.

Creo que sentí lo que algunos llaman “un vuelco del corazón”, que no sé bien qué quiere decir. Se ve que ella lo vio en mi mirada, en mi sonrisa.

- Pensaste que no llegaba nunca
- No lo puedo creer-balbuceé.- Me extendió un cuaderno.
- Firmá acá - Firmé.
- ¿Nada más?
- Nada más.

Salí un poco mareada rechazando volantes, desenrollando el “papelito”, leyendo “Rectorado.. .UBA… Licenciada Cecilia Alemano... 15 de febrero de 2010… “ .

Compré un tubo plástico para proteger mi diploma de egresada de la Carrera en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Eso que vine a buscar a esta ciudad hace más de 14 años, y que me llevó a encontrar otra variedad infinita de cosas.

Después, lagrimeando  entre sonrisas, caminé en dirección a Avenida Córdoba.

Una compañera decía el otro día que la UBA carece de poesía.

Es cierto. Pero te la deja a vos.