martes, abril 30

un post con decibeles altos.

Vieron que en las películas francesas se dicen las peores cosas en susurros? Bueno, mi peli es bien tana. Y no me jacto precisamente de esto.

Soy gritona. No grito para hablar en mi vida cotidiana -si bien tampoco tengo un tono bajo. No grito para llamar la atención. No suelo gritar de alegría. No me gusta gritar en público. No grito cuando me enojo con alguien. Grito cuando me pongo nerviosa. O mejor dicho, cuando me angustio. Grito cuando no quiero oír algo. O cuando eso que oigo viene muy de adentro mío y lo quiero tapar. Grito de impotencia, y grito de dolor: un dolor pasado todavía no sanado o un dolor presente.

La mayor parte de las veces grito por miedo.

Y lo que sale de mi garganta puede parecerse a un alarido.

Hace años que intento doblegar este aspecto de mi personalidad. Porque si bien lo reconozco y soy capaz de admitirlo, lo rechazo de lleno. Intenté con yoga, en terapia, con pastillas, globulitos, con el conteo hasta 10, y hasta con el método que usé para dejar de fumar -"Sólo por hoy, no grito".

Es muy de nosotras lo de gritar. Lo sé porque mis amigas -al menos las que se animan a hablar de sus peores cosas- me lo han confesado. Pero imagino que no a todas nos horroriza del mismo modo.A mí no me funciona como descarga, sino más bien todo lo contrario.

Pasa que el grito no es un lenguaje universal. Pretende hacerse oír, pedir algo -me he encontrado pidiendo a los gritos un abrazo, un beso, amor en definitiva- sin más resultado que la confusión y el espanto.

Pasa que gritando nadie se entiende, y que a quien tenemos al lado puede traerle ecos lejanos que preferiría no seguir escuchando.

Ustedes tienen tendencia a gritar? La manejan? Cómo? Qué hacen sus medias naranjas cuando ustedes gritan? Es su media naranja la que grita? Qué hacen ustedes?

Hoy se habilita a pleno el comentario anónimo.

Necesito escucharlas. Eso sí, háblenme suavemente.

c.

jueves, abril 25

la soportable inlevedad de mi ser.

Tomás duerme, como siempre a esta hora. Yo estoy sola, y con ganas de escribir, lo que es raro a esta hora.  La mesa está tapada de una colección de objetos que hace un año. cuando nos enteramos de que íbamos a ser papás, eran impensables. A saber: muñecos, dos chupetes, gotitas para la fiebre, spray nasal, termómetros -de mercurio y digital-  y un sacamocos.
Desde ayer Tomàs está con un resfrío fuerte. El primero que le, me y nos toca. Me desarma su carita; me admira su sonrisa con ojos rojos de sueño y nariz roja; me reconforta verlo dormir.
Pero hoy no quiero hablar de él. Quiero hablar de mí.
De mí que en 48 horas sumé casi 24 de trabajo y no sé si 8 de sueño.
De mí, o ésta a la que me cuesta reconocer en el espejo.
En apariencia todo se ve tan bien. En la superficie, soy ésta que va a trabajar, llega a horario, cumple, rinde, oye a sus compañeros armar una salida atrás de otra, pedalea y amamanta en la hora del almuerzo, sale a las cinco con la lengua afuera y el casco mal puesto, y se entrega de nuevo a las rutinas hogareñas, contentándose con a veces hacerse el rato para ir a terapia.
No quiero que nada de esto suene a queja, pero tampoco quiero maquillarlo: aunque tenga los brazos libres de hijo, o un marido que sepa qué hacer con un bebé durante más de una hora.., mi disfrute llega con cuentagotas.
De a ratos me felicito por lo bien que voy llevando todo. (¡Tomàs tiene apenas 4 meses! ¡Bravo!)
De a ratos siento que me falta algo. Me siento incómoda con los labios siempre secos,manteniéndome despierta a fuerza de mate, las ojeras cada vez más marcadas, mi pelo siempre atado, una contractura permanente, esta pancita... mi falta de deseo, las tensiones en casa.
Extraño sentirme linda, mis ocurrencias, mi cuerpo para mí y para Pablo. Extraño escribir, los tés en Oui Oui, irme a dormir sabiendo que me voy a despertar cuando mi cuerpo y mi cabeza hayan descansado, salir del trabajo en alguna otra dirección que la de mi casa, leer, ir al cine, hacer yoga, comprarme ropa, nadar, leer blogs, disponer de mi plata, cocinar, ocuparme de mis plantas, hacer uso, mal uso y abuso de mi tiempo.
En lugar de todo esto aparecieron nuevas cosas, que son muy hermosas -hace falta que lo aclare?- Pero por qué no me avisaron que todo aquello se iba a borrar de un plumazo?
Incluso cuando dispongo del tiempo, y la energía para un rato de dispersión, está este algo al que no sé cómo llamar. Es como un coso que pende adentro, al que me niego a definir como "un peso" o "una mochila" porque no sería justo; no se parece a lo que siento. Pero sí puedo decir que con la llegada de mi hijo, desapareció todo vestigio de levedad. (Si no miren mi mesa). Volveré alguna vez a sentirme liviana?
Y por qué ahora que lo oigo sollozar voy a publicar este post así como está y voy a ir a ver qué necesita y le voy a sonreír y me voy a resignar a volver a postear dentro de dos semanas?
Bien no lo sé.
Pero en principio creo que junto con el coso ese que les decìa, vino una fuerza infinita no sé bien de dónde, y una ternura que desconocía y me excede, y un amor arrollador que vuelve este cansancio y esta falta de levedad soportables y hasta felices.

miércoles, abril 17

límites.

Cansada, presionada, preocupada, embobada con mi hijo (que hoy cumple 4 meses), enamorada de mi marido (y del papá que es mi marido), mal dormida, contracturada, desafiada.

¿Mi principal preocupación?
No soy buena en el arte de poner límites.

¿Mi desafío?
Aprender a hacerlo. Sea un arte, una disciplina o un mero medio de susbsistencia.

Siento que siempre me es más fácil facilitarle la vida al otro; evitar el conflicto; cargarme al hombro una nueva responsabilidad y convertirla en exigencia, que marcarle una línea de "Hasta acá" al que avanza demasiado.

Pero bueno, esta tarea la pude postergar mientras era yo la variable de ajuste.
Ahora hay un Tomás.

jueves, abril 11

cuento.

A veces sentís que nadie te ve.
Hasta que llega Anita.

lunes, abril 8

como la China.

Hay un fenómeno que siempre me pareció curioso.
Cuando sale el sol, nadie se lo cuestiona. Nadie se pregunta: Che, por qué está tan lindo el día? ¿Cuándo piensa aflojar el buen tiempo?
Es así: lo más lindo, lo que nos hace sonreír, lo damos por sentado.
Bueno, la magia que llega a mi vida a través de este blog me hace preguntarme una y mil veces

¿Por qué?

¿Por qué??

¿Por qué??!

No puedo just take it for granted. Pero tampoco tengo las respuestas. No sé por qué un día abro mi inbox y me encuentro con correos llenos de cariño de Vero, Georgi y otras lectoras anónimas; no sé por qué la tierna de Pao me comenta que su hijo le trajo a Tomás un regalito desde Japón y me invita a su taller de Origami...

... No sé por qué la dulce y genia China Martino un día separa los mejores juguetes y la amada silla  de su hermosa Justa y me persigue durante meses para que vaya a su encuentro.

Y cuando por fin voy me recibe un aroma mezcla de naranja y limón, una nena con un moño y un vestidito recanchero, una mesa llena de dulces, y un mate recién hechito.

Y durante la conversación recibo de yapa un frasco de aromas, preparado con flores y pera, mi fruta preferida.

Y cuando me voy, cargada como Papá Noel de juguetes coloridos, la pequeña me condecora con un collarcito y un conejo dibujado con sus manos.

Y China, como lo más natural del mundo me acompaña caminando -y cotorreando- a tomar el taxi algunas cuadras más allá.

Decía Anita que el amor entre Pablo y yo es como la China: grande y que todo lo puede.
Así es mi GRACIAS para la Sra. Martino.





Me encantó conocerte, China!. Y Tomás amó los chiches (tanto que se durmió extenuado de jugar en la sillita).


¡Feliz y sonriente semana muchachada!

c.

viernes, abril 5

noche de chicas.

Mañana a la noche será el gran evento.
Desde que nació Tomás, será mi primera salida de amigas.
Y saben cómo será mi debut como mami out there?

Disfrutando de las canciones de la Señorita Spektor. La misma que me acompañaba durante mis viajes en subte en 2007; la que me unió aun más a mi amiga Noe, la que me daba letra para las historias fallidas y antídotos para días grises.

Tres flamantes mamis estaremos ahí. Una de ellas -la más novata de todas- cruzará los dedos para que el papá no sufra ningún desplante del pequeño, chequeará el celular cada 10 minutos,
y, seguramente, cuando suenen  estos temas recordará  cómo era el mundo sin ellos, y vuelva radiante y feliz a abrazarlos.

Aquí, un poco como homenaje a mi linda Lu y su Club de los Cinco, va mi top5 de Regina:

Better by Regina Spektor on Grooveshark Eet by Regina Spektor on Grooveshark Fidelity by Regina Spektor on Grooveshark No Surprises by Regina Spektor on Grooveshark Real Love by Regina Spektor on Grooveshark

¿Les gusta Regina? ¿Cómo armarían su top 5?
Gracias Noe por esta iniciativa, y a la muchachada... ¡Tengan un gran viernes y un mejor fin de semana!

miércoles, abril 3

lo invisible.

Hace poco, en Facebook, Geo comentaba sobre los ovnis que ve desde su casita cerca del Uritorco. Alguien -báh, unos cuantos álguienes- le pedían fotos. Y ella a todos les contestaba lo mismo: Si saco con flash no sale, si saco sin flash, tampoco.

Esos ovnis, existen entonces?


Mi respuestas es que sí, claro. No para los ciberamigos de Geo, eso está claro. Porque últimamente lo que no tiene entidad web, parece no ser.

Yo con mi Tomás, lejos de los cielos de Fabio Zerpa, también habité -durante la licencia- y habito por momentos un planeta lejano que tampoco sale en las fotos. De hecho, de a ratos pareciera que nadie nos ve.

Es todo un nuevo aprendizaje. Imagínense. Pero también imaginen qué bizarro sería decirle. "Seguí así, sonriendo tan lindo, que te saco una fotoy la subo al Facebook". O "Tirate otro ajó que lo twitteamos". No, no hay modo. Sí, ya sé que estoy exagerando! Pero es para llegar a mi punto. Y es que mi pequeño me está ayudando a recordar cómo era la vida offline, o mejor dicho: la vida. Así como la conocíamos, viviéndola sin trasmitirla. Experimentándola. Atesorándola en el mejor de los casos.

Ahora que recuperé mi "visibilidad", y volví a mi puesto de trabajo, vestida y peinada como una persona -ojeras disimuladas con corrector- soy más que nunca conciente del adentro y del afuera (que incluye oficina, reuniones, mails, redes sociales...) Y comprobé que de aquel lado, por más "invisible" que sea, no está lo irreal y viceversa. De hecho, creo que si existe tal cosa como "lo real", está entre los bracitos de mi hijo.

En el post anterior decía que las palabras no alcanzan para expresarlo todo. Ahora comprendo que el todo puede ser tan amplio, diverso, colorido y lleno de texturas, que las palabras sobren.


pd: Inauguré la solapa [Soy mami] con blogs muyyy piolas de futuras, primerizas o reincidentes madres.